Compraste una acción en blockchain. ¿Sos realmente accionista?

La Bolsa de Londres acaba de dar un paso que puede acercar las acciones tokenizadas al mercado tradicional. Pero detrás de la novedad tecnológica hay una pregunta mucho más importante: qué estamos comprando realmente cuando compramos una acción representada por un token.

ADOPCIÓN

Carla Torazzi

9/3/20269 min read

Compraste una acción en blockchain. ¿Sos realmente accionista?

La Bolsa de Londres acaba de dar un paso que puede acercar las acciones tokenizadas al mercado tradicional. Pero detrás de la novedad tecnológica hay una pregunta mucho más importante: qué estamos comprando realmente cuando compramos una acción representada por un token.

Esta semana la London Stock Exchange anunció que está trabajando en una estructura para acciones británicas tokenizadas y que lo hará junto a Payward, la compañía detrás de Kraken, para explorar cómo conectar el mercado regulado tradicional con infraestructura on-chain. Todavía no estamos hablando de un producto operativo ni de algo disponible mañana para cualquier inversor: el proyecto está en desarrollo y sujeto a aprobación regulatoria. Pero, para mí, la noticia es importante por otra razón. Ya no estamos viendo únicamente startups tratando de llevar activos a blockchain. Estamos viendo a una de las grandes infraestructuras del mercado de capitales preguntándose cómo debería funcionar una acción en un entorno digital sin perder, en el camino, aquello que jurídicamente la convierte en una acción.

Y creo que ahí está la evolución más interesante de la tokenización. Durante años nos concentramos en demostrar que técnicamente podíamos poner un activo en blockchain. Hoy esa discusión empieza a quedarse corta. Podemos tokenizar una acción, un bono, un fondo o un inmueble. La pregunta que realmente importa es otra: ¿qué ganamos haciéndolo y qué derechos conserva quien compra ese activo?

Porque no todo lo que se presenta como una “acción tokenizada” es exactamente lo mismo.

Imaginemos algo muy sencillo. Mañana entrás a una aplicación y encontrás “Apple tokenizada”. Ves el logo de Apple, el precio sigue el valor de la acción y podés comprar una fracción por US$20. Para cualquiera que lo mire rápido, parece que está comprando una acción de Apple. Sin embargo, jurídicamente podrían existir estructuras completamente diferentes detrás de esa misma pantalla.

Una posibilidad es que la propia compañía, o una entidad que actúa en su nombre, utilice blockchain como parte del registro oficial de sus acciones. En ese modelo, el token podría representar efectivamente la acción y su transferencia podría implicar también un cambio en la titularidad jurídica. La SEC estadounidense reconoció expresamente este tipo de estructura cuando publicó, en enero de 2026, una declaración específica sobre valores tokenizados.

Pero también existe otro modelo. Un tercero puede comprar acciones tradicionales, mantenerlas bajo custodia y emitir tokens vinculados a ellas. Ese token puede darte exposición económica al mismo activo, permitirte comprar fracciones pequeñas o moverte dentro de determinadas infraestructuras digitales, pero eso no significa automáticamente que seas accionista directo de la empresa original.

Los xStocks son un buen ejemplo. Son productos tokenizados respaldados 1:1 por las acciones o ETFs correspondientes, pero su documentación deja claro que el comprador del token no se transforma por eso en propietario directo de la acción subyacente y no obtiene los mismos derechos de voto que tendría un accionista tradicional.

A mí no me parece que esto sea necesariamente algo negativo. Y creo que es importante decirlo porque, cuando hablamos de protección del inversor, muchas veces terminamos planteando la conversación como si hubiera que elegir entre innovación y seguridad. No debería ser así.

Un producto tokenizado emitido por un tercero puede tener ventajas comerciales reales. Puede permitir acceder desde montos pequeños, facilitar la fraccionalización, ampliar horarios de negociación o permitir determinadas transferencias on-chain que hoy no tenemos con una acción tradicional dentro de una cuenta de broker. Para determinados inversores, eso puede ser muy atractivo.

El punto no es decir que un modelo es bueno y el otro es malo. El punto es saber cuál estamos comprando.

Dos personas pueden invertir US$1.000 en productos cuyo precio sigue exactamente a la misma empresa y, sin embargo, tener relaciones jurídicas diferentes. Una puede ser accionista directa; la otra puede ser titular de un instrumento emitido por un tercero y respaldado por esa acción. Desde el teléfono probablemente se vean muy parecidos. Si aparece un problema con el emisor, el custodio o alguna de las partes involucradas, esa diferencia deja de ser un detalle técnico.

Por eso creo que vamos a tener que acostumbrarnos a mirar un poco más allá del ticker.

La propia SEC distingue entre valores tokenizados por el emisor original y productos creados por terceros. En estos últimos pueden aparecer derechos y riesgos diferentes, incluyendo la exposición al propio tercero que estructura el producto. Blockchain puede demostrar perfectamente que una wallet posee determinados tokens; lo que blockchain no determina por sí sola es qué derecho jurídico representa cada token.

Eso lo determinan la estructura contractual, la regulación, el registro del activo, la custodia y la legislación aplicable.

Y acá es donde la iniciativa de London Stock Exchange me parece particularmente interesante. Porque LSE no está planteando solamente crear un token cuyo precio siga a una acción. Su propuesta para las acciones británicas tokenizadas habla expresamente de preservar los derechos del accionista, la protección del inversor y los estándares de gobierno corporativo que ya existen en el mercado público.

Para mí, eso no frena la comercialización. Puede ser exactamente lo contrario.

Cuanto más grande queramos que sea el mercado tokenizado, más importante va a ser que inversores, empresas e instituciones sepan exactamente qué están comprando y qué ocurre jurídicamente cuando ese activo cambia de manos. Si queremos que una aseguradora, un fondo de inversión, una empresa o un inversor institucional mueva millones sobre estas nuevas infraestructuras, no alcanza con que una transacción tarde tres segundos. Necesita saber quién figura como propietario, qué ocurre ante un error, dónde está custodiado el activo, qué legislación se aplica y cómo se resuelve una controversia.

Esa certeza no es un obstáculo para la innovación. Es parte de la infraestructura que permite que la innovación escale.

Y cuando miramos lo que está haciendo LSEG en conjunto, la historia se vuelve todavía más interesante. La compañía no está trabajando solamente sobre la tokenización de acciones. Está desarrollando infraestructura para valores digitales, nuevas formas de liquidación y un mercado de horarios extendidos.

Por un lado está Digital Securities Depository, pensado para funciones vinculadas con emisión, registro, transferencia y liquidación de activos digitales dentro de un entorno regulado. Por otro, London Stock Exchange está desarrollando LSE 24, un mercado que busca ampliar significativamente los horarios de negociación y que tiene previsto comenzar con sus primeros productos durante 2027, siempre sujeto a las correspondientes autorizaciones regulatorias.

También está Digital Settlement House, una infraestructura de LSEG orientada a liquidación programable utilizando depósitos de bancos comerciales.

Si miramos cada anuncio por separado, pueden parecer iniciativas técnicas. Cuando los juntamos, aparece una visión bastante más grande: activos digitales, un mercado con horarios más amplios, infraestructura para registrar esos activos y dinero que también puede liquidarse programáticamente.

Eso ya no es simplemente “poner una acción en blockchain”.

Es empezar a repensar cómo se conectan el activo, el mercado y el dinero con el que se paga ese activo.

Ahí es donde yo veo el verdadero potencial comercial de la tokenización.

Porque hoy comprar una acción desde el teléfono parece una operación extremadamente sencilla, pero detrás sigue existiendo una infraestructura enorme: brokers, mercados, custodios, registros, sistemas de compensación, cámaras de liquidación y mecanismos de pago que tuvieron décadas para construirse.

La tokenización tiene sentido si consigue mejorar partes de esa cadena.

Puede permitir que determinados activos se distribuyan de otra manera, que la propiedad pueda representarse digitalmente, que las liquidaciones sean más eficientes o que un activo pueda integrarse con otras aplicaciones financieras de una forma mucho más programable. También puede facilitar que determinados activos sean utilizados como garantía dentro de otras operaciones o que puedan interactuar con mercados que funcionan durante horarios mucho más amplios.

Pensemos, por ejemplo, en una empresa que quiere llegar a inversores de distintas regiones. Hoy necesita atravesar distintas capas de infraestructura, intermediación y distribución. Un mercado tokenizado bien estructurado podría, con el tiempo, ampliar los canales por los que ese activo llega a nuevos inversores. No significa eliminar regulación ni brokers de un día para otro. Significa que algunas partes de la cadena podrían volverse más interoperables y digitales.

Y eso abre negocio.

Más distribución puede significar más inversores potenciales. Más interoperabilidad puede significar que un activo pueda circular entre diferentes infraestructuras sin quedar encerrado en una plataforma. Una liquidación más eficiente puede reducir determinadas fricciones operativas. Un activo digital programable puede utilizarse de maneras que hoy requieren varios sistemas separados.

Pero hay una palabra que para mí es fundamental en todo esto: liquidez.

Tokenizar un activo que nadie quiere comprar no crea mágicamente un mercado. Podríamos tener miles de activos representados perfectamente en blockchain y seguir teniendo miles de mercados pequeños, fragmentados y sin volumen.

Por eso me parece relevante que London Stock Exchange hable también de evitar fragmentación. El verdadero desafío no es crear cien tokens en cien redes diferentes. Es conseguir que esos activos tengan distribución, interoperabilidad, compradores, vendedores y un marco jurídico que permita confiar en ellos.

Blockchain puede mejorar el riel. Pero todavía necesitamos mercado.

Y quizás esa sea una de las diferencias entre la primera etapa de la tokenización y la que estamos empezando a ver ahora. Antes la pregunta era: “¿podemos tokenizar esto?”. Ahora empieza a ser: “¿podemos construir alrededor de ese token un mercado mejor?”

Ahí creo que está el verdadero salto.

London Stock Exchange ya venía trabajando en esta dirección. En 2025 lanzó su Digital Markets Infrastructure para fondos privados y procesó su primera transacción. Ahora amplía esa visión hacia otras clases de activos y empieza a conectar tokenización, negociación y settlement.

No sabemos todavía si todas estas iniciativas van a escalar ni cuál será finalmente el modelo ganador. Sería poco serio afirmarlo hoy. Pero tampoco estamos en aquella etapa en la que blockchain aplicada a mercados de capitales era solamente una demostración experimental.

Las grandes infraestructuras financieras están construyendo.

Y para quienes trabajamos en tokenización, esto también obliga a subir un poco el nivel de la conversación.

Ya no alcanza con decir que un activo está on-chain.

Tenemos que empezar a preguntar qué problema resuelve, qué derechos representa, quién responde detrás de ese activo, dónde está la liquidez y qué ventaja concreta obtiene quien lo utiliza.

Porque si logramos combinar acceso, interoperabilidad y eficiencia con derechos jurídicos claros, la oportunidad es enorme.

Podríamos terminar teniendo acciones que se distribuyen digitalmente, mercados que funcionan durante más horas, activos capaces de moverse entre distintas infraestructuras y liquidaciones mucho más integradas con el dinero que paga cada operación.

No significa matar al mercado tradicional.

Personalmente, creo que la oportunidad está exactamente al revés: usar la tokenización para ampliar lo que el mercado de capitales ya hace bien y mejorar las partes que todavía tienen demasiada fricción.

Eso me parece bastante más potente que la idea de blockchain viniendo a destruir Wall Street.

Puede terminar siendo Wall Street aprendiendo a operar con una infraestructura distinta.

Y si eso ocurre, quizás dentro de algunos años comprar una acción tokenizada deje de ser algo que asociamos exclusivamente con el mundo cripto. Puede convertirse simplemente en otra manera de acceder a un activo financiero.

Lo importante va a ser saber qué tenemos realmente del otro lado.

Para quedarnos con lo importante

La London Stock Exchange está desarrollando estructuras para acciones británicas tokenizadas junto con Payward, aunque el proyecto todavía depende de desarrollo y aprobación regulatoria. Al mismo tiempo, LSEG está construyendo otras piezas de infraestructura digital vinculadas con negociación, registro y liquidación.

Una acción tokenizada puede ser la propia acción representada digitalmente o un producto emitido por un tercero que ofrece exposición a esa acción. Ambas estructuras pueden tener utilidad comercial, pero no necesariamente otorgan los mismos derechos.

Por eso, antes de comprar, yo miraría cuatro cosas: quién emite el token, qué derecho representa, quién custodia el activo y qué ocurre si alguna de las partes involucradas tiene un problema.

El potencial está ahí: mayor acceso, fraccionamiento, distribución digital, horarios más amplios, interoperabilidad y nuevas formas de utilizar los activos.

Pero la oportunidad más grande no consiste simplemente en transformar acciones en tokens.

Consiste en lograr que mercados, activos y dinero puedan trabajar juntos de una manera más eficiente sin perder seguridad jurídica en el camino.

Ahí, para mí, empieza la tokenización realmente interesante.

Fuentes verificadas: London Stock Exchange Group, anuncios oficiales del 1 de septiembre de 2026 sobre tokenised equities y Payward, y del 21 de julio sobre LSE 24; LSEG, documentación oficial de Digital Securities Depository, Digital Settlement House y Digital Markets Infrastructure; U.S. SEC, Statement on Tokenized Securities del 28 de enero de 2026; Kraken, términos, FAQ y Risk Disclosure oficiales de xStocks.

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